Píntame. El retrato como práctica en arteterapia

El hecho de realizar un retrato del participante o paciente en la sesión de arteterapia puede ser una medio para que las personas puedan verse a través de los ojos del otro, recalibrando y creando una nueva visión de la propia identidad por medio de los retratos.

Recientes investigaciones se han centrado en la práctica del arteterapeuta de crear retratos para los clientes como un medio para detener e invertir el proceso de "interrupción de la auto-identidad" (Susan M. D. 2014) en personas con enfermedades crónicas.  Pero esta práctica puede ser positiva, no solo para aquellos que padecen de enfermedades, sino para diversos colectivos, siempre que consideremos que puede ser beneficioso.

Aunque el retrato en la arteterapia es un área poco investigada, varios arteterapeutas han escrito acerca de cómo pintar retratos de los usuarios puede ayudar a construir la relación terapéutica y una fuerte conexión empática entre ellos y sus clientes. Catherine Moon (2002, p. 214) sugiere que el retrato es una de las formas más directas en las que los arteterapeutas pueden crear vínculo con sus clientes, ya que el tiempo para hacer el retrato de una persona se percibe como tomarse el tiempo para notar, acompañar, darse cuenta y en algún nivel, para cuidar.

Puede haber arteterapeutas que cuestionen si el uso del retrato como una intervención 'encaja' dentro de las fronteras de la arteterapia. Sin embargo, estaría bien considerar las experiencias de los pacientes en diversos estudios de caso, que ponen en alza los beneficios de este tipo de intervención dentro del contexto de una sesión de arteterapia. 

Pintar retratos de y para los pacientes es un proceso único que consiste en dar tiempo y prestar mucha atención a la persona que tenemos delante. Se puede a su vez animar a los participantes a hablar de su propia identidad, o a contar historias que deseen compartir en ese momento. 

Pudiera ser que los retratos actúen como puentes entre la imaginación y la realidad, la emoción y la memoria. Pero no debemos olvidarnos en ningún momento de trabajar siempre en colaboración con nuestros clientes para que puedan decirnos lo que funciona para ellos y por qué.

Fuentes:

Moon, C. (2002). Studio art therapy: Cultivating the artist identity in the art therapist. London & Philadelphia, PA: Jessica Kingsley.

Susan M. D. Carr (2014) Revisioning self-identity: The role of portraits,
neuroscience and the art therapist's ‘third hand’, International Journal of Art Therapy, 19:2,
54-70, DOI: 10.1080/17454832.2014.906476

Wood, M. J. M. (1998). The body as art: Individual session with a man with AIDS. In M. Pratt, & M. Wood, (Eds.), Art therapy in palliative care: The creative response (pp. 140–152). London, New York, NY: Routledge.