La labor del arteterapeuta

Acompañar, observar, sostener, estar alerta, escuchar, enfocar o hacer las preguntas adecuadas. Estos son algunos de los cometidos de un arteterapeuta durante una sesión de arteterapia, y es que acompañar adecuadamente el proceso de creación de otra persona requiere tener la suficiente capacidad de adaptación a cada momento, estando siempre atento a qué es lo que está sucediendo, cómo, en qué orden, sin dejar de prestar atención a nuestra propia voz que en muchas ocasiones trata de adueñarse de la voz del usuario.

Todo lo que sucede en la sesión, por insignificante que pueda parecer en un primer momento puede ser el indicio de algo mucho mayor, un resquicio a través del cual puede emerger aquello que es vital pero que está escondido en lo más profundo de nuestro ser. Reconocer esas posibilidades, darles nombre o simplemente considerarlas en un momento determinado puede cargar de sentido aquello que parecía insignificante. Por eso para hacer las preguntas adecuadas el/la arteterapeuta ha de contar con diversas habilidades como la capacidad de atención o la destreza para relacionar acontecimientos, incidentes o hechos.

También debemos de ser muy cuidadosos/as con las interpretaciones que en un momento determinado podamos hacer, ya que no dejan de ser deducciones filtradas por nuestra experiencia vital, es decir que están impregnadas de nuestros valores, conocimientos, vivencias... A lo que me gustaría añadir algo muy importante y que pocas veces mencionamos. Se trata del amor, el amor a nuestro trabajo y también los usuarios, creo que es fundamental que amemos al menos un rasgo de la persona a quién estamos acompañando en su camino, para poder hacerlo con el mayor cuidado y respeto. De esa manera, podremos cometer errores, pero en mi opinión, el daño no será nunca mayor que el beneficio.