Arteterapia y Naturaleza II

El pasado mes de agosto tuve la suerte de facilitar una sesión grupal de arteterapia en plena naturaleza y con unas personas maravillosas.

Somos naturaleza, a menudo lo olvidamos, pero formamos parte de ella y ella forma parte de nosotros. Por eso, realizar una sesión de arteterapia en un entorno natural puede ser revitalizante y permite, a quien vive la experiencia, crear en un entorno saludable, seguro, cargado de energía, de aromas y arropado por un silencio que invita a la escucha interna.

En esta sesión tan especial dedicamos una parte importante a reavivar esa unión con la naturaleza y a tomar conciencia de nuestro cuerpo, de nuestros pensamientos y de nuestras emociones, observando nuestro propio proceso creativo, nuestra manera de integrar los elementos que nos ofrece la naturaleza en nuestras obras y nuestra forma de acercarnos al material y al entorno.

Tras una relajación guiada para adentrarnos en nosotros mismos y activar la atención desde la calma, realizamos una actividad a modo de juego para sentir y percibir el lugar de una manera diferente a la que habitualmente estamos acostumbrados y para ello solo tuvimos que anular el sentido de la vista y recorrer de la mano de un compañero el espacio en el que no encontrábamos, tocándolo, escuchándolo y oliéndolo. Después hicimos una toma de contacto con la arcilla para dar paso al momento de creación personal e individual.

El lugar era perfecto, aislado en medio de un monte y con fácil acceso. Contaba con mesas, una fuente e infinidad de rincones que acogieron las creaciones que allí se hicieron.

El momento también fue el exacto ya que la sesión se desarrolló por la tarde y terminó al anochecer, por lo que en el momento de la reflexión compartida y del cierre, la luz era tenue y se iba apagando suavemente, dejando reposar en nosotros la experiencia vivida.

En esta ocasión, aparte de los materiales que nos ofrecía el lugar, contamos con un material muy especial: Arcilla.

La arcilla implica una manera muy primaria de expresión y comunicación, ya que conlleva el hecho de tocar y desde el momento del nacimiento, el tacto es la forma en que se comunican sentimientos. De hecho no fue de extrañar que muchos de los participantes se sintieran como niños que juegan con el barro o la plastilina y que revivieran momentos concretos de su infancia. La arcilla también permitió la liberación de emociones a través de la expresión y mediante gestos tales como acariciarla, golpearla o dejarla caer, siendo un cauce para liberar la tensión, frustración o el nerviosismo.

Al ser un material moldeable pudo convertirse en cualquier cosa: En un osito, un animal prehistórico, una casita en un árbol, o simplemente en formas que recogían elementos del entorno, como piedras, hojas e incluso agua. Una vez que las obras tomaron su forma muchos decidieron dejarla en el lugar en el que la habían creado, otros se la llevaron.

Fue un momento y un lugar óptimo para autocuidarnos, reposar y prestar atención a nuestras emociones y aspectos de nuestra vida que necesitan, en mayor o menor medida, ser atendidos.

Una oportunidad para conocernos un poco más a nosotros mismos, para crear, escuchar, jugar, reír y en definitiva para ser.

Gracias a todos los que allí estuvisteis.

 

Reflexiones compartidas de algunos de los participantes:

“Esto forma un poco parte de mi, de las cosas, vas dejando fluir y así te liberas de todos los cacaos que puedas tener en la cabeza y te relajas, el tiempo vuela. No estás atado a un tiempo, estás en eso, es como meditar en eso. Prestas atención a una cosa y estás en ella completamente, te vuelcas y lo demás se va”.

“Para mi ha sido un anti-estrés”.

“Me salía cantar y disfrutar simplemente, sin hacer nada en concreto”.

“Esto se necesita, por que es como decir: para, escúchate. Aunque yo intento escucharme, intento parar, pero claro, no es lo mismo que con un paisaje, con un entorno y es importante para la salud. No te das cuenta del estrés o de los nervios que tienes hasta que paras y escuchas. Entonces te das cuenta de eso”.

“La parte de taparnos los ojos es bastante interesante porque sin querer te centras a escuchar y a sentir las cosas”.

“Esto es salud”.