Arteterapia en la hospitaliación pediátrica

Los menores hospitalizados conforman un colectivo muy delicado, ya que pasan por dificultades que no sólo guardan relación con su estado físico, sino también con su estado emocional. El miedo, los temores, la angustia, la separación de sus seres queridos y el nuevo entorno en que se encuentran, entre otros factores, “pueden afectar en su recuperación, sus relaciones sociales, sus vínculos afectivos; así como generar fobias, trastornos afectivos y consecuencias en su desarrollo socio-emocional”. (Ortiz, 2006: 85). De hecho, la hospitalización se reconoce como el evento que produce mayor ansiedad en los niños y niñas, ya que “su percepción en la experiencia de hospitalización excede sus capacidades para poder resolverla y afrontarla, lo que los lleva a presentar estados de ansiedad”. (Aguilera & Whetsell, 2007).

Según Ullán y Belver (2008), además de la ansiedad, los niños y adolescentes interpretan la hospitalización como un castigo por algo que han hecho mal, tienen miedo al abandono, presentan comportamientos regresivos, dependientes y están bajos de autoestima. Por ello, en los casos de niños hospitalizados es frecuente la aparición del miedo.

En ocasiones, también sucede que los niños y niñas que están hospitalizados han sido llevados sin una preparación psicológica previa, es decir que ingresan en el hospital sin haber sido preparados para esta experiencia y por ello, esta nueva situación puede derivar en que el niño viva la experiencia de la hospitalización como estresante y eso termine generando en él mayores miedos. Además los niños con enfermedades crónicas son susceptibles de repetidas hospitalizaciones y se enfrentan no sólo a la enfermedad, sino también a la ausencia de una vida normal, lo que influye también sobre la familia.

Por otro lado y como en cualquier otro colectivo, encontramos factores como la historia familiar, los patrones de crianza, las experiencias pasadas que determinan las diferentes reacciones ante la experiencia hospitalaria, etc. De hecho, por la experiencia que he podido tener como arteterapeuta de niños, niñas y adolescentes hospitalizados, en la mayoría de los casos, emergen con más fuerza las necesidades relacionadas con su situación personal que con el propio hecho de la hospitalización.

En una ocasión, tuvimos la oportunidad de conocer a “Dino”, un niño de cinco años a quién estaban realizando un estudio intestinal, además de estar hospitalizado, su madre le había abandonado hacía unos meses. Durante el tiempo que Dino estuvo en el hospital, (unas cuatro semanas), lo hizo acompañado de una educadora social. Pudimos detectar su necesidad de sentir estabilidad en su entorno, así como de expresar y exteriorizar lo que le estaba ocurriendo. Durante las sesiones no hacía alusiones a la hospitalización ni a la enfermedad, pero sí al abandono. Este es un ejemplo escogido de muchos otros, en donde claramente, la situación personal se hace más imperante en la terapia, que la propia hospitalización.

Cada persona, según su predisposición biológica o psicológica, se muestra más vulnerable o susceptible a unos u otros síntomas, los cuales se manifiestan de manera significativa en apariciones de fobias y temores.

De acuerdo con Green (2000), la enfermedad puede tener diferentes aspectos debido a sus componentes físicos, mentales y sociales. De manera que en lo biológico podemos esperar diversas respuestas dependiendo del tipo de enfermedad, la gravedad, el tipo de evolución, el umbral al dolor, etc. En lo psicológico influyen la madurez, los mecanismos de defensa, la personalidad, sus antecedentes psiquiátricos, sus antecedentes médicos y hospitalarios, por citar algunos elementos. Y en lo social influyen el tipo de familia y sus relaciones, la actitud familiar hacia la enfermedad, los imaginarios familiares sobre la enfermedad, la cultura, las relaciones interpersonales, etc. Esta diversidad y “las múltiples combinaciones posibles hacen que cada paciente tenga una singularidad dada” (Gómez-Restrepo, 2008: 101).

A continuación expongo algunas de las características individuales más significativas detectadas a lo lar

go de la intervención arteterapéutica. Destacan entre otras, la necesidad de:

• Expresar sus conflictos internos

• Sentirse en un espacio seguro y libre

• Establecer una relación de confianza

• Fortalecer la relación familiar

• Tener un espacio donde jugar

• Ilusionarse, sorprenderse, inventar

• Confiar en sus capacidades

• Explorar y expresar sus sentimientos y emociones

Por último mencionar otro factor importante en el ámbito de la hospitalización pediátrica, al igual que en el educativo, es la edad del niño, que

juega un papel fundamental ya que una diferencia de simplemente dos años, puede significar mucho en cuanto al modo de experienciar la realidad y de comunicarse. Este hecho, aunque evidente, en ocasiones puede ser pasado por alto; es fundamental considerarlo, así como tener conocimiento de los principios del arte infantil y las etapas de la expresión gráfica, tanto para la preparación de la intervención, como para el registro posterior.

Todos los niños, especialmente los que se encuentran en una situación difícil, tienen la necesidad de expresar, de crear, de establecer relaciones con el mundo. Utilizando la arteterapia es posible ayudar a los niños que están hospitalizados a ejercer su creatividad de una manera natural, beneficiando al niño y alejándolo de lo desagradable, del dolor, de la ansiedad, de la monotonía, etc. Proporcionando recursos para la externalización de impulsos agresivos, miedos y temores, así como para la transformación de sus significados.

En el ámbito de la hospitalización pediátrica se puede trabajar en talleres de arteterapia grupal, como por ejemplo en las habitaciones de hemodiálisis, y en terapia individual, (cama a cama), en la cual se centra esta investigación.

Los talleres de arteterapia para niños y adolescentes sirven para que se adapten a su hospitalización, les ayudan a reducir su grado de estrés dándoles oportunidad de hacer cosas y tomar sus propias decisiones. Como la naturaleza de la estancia en un hospital hace que ésta sea pasiva, (…) en el taller de arteterapia tienen la oportunidad de hacer algo distinto. Como experimentan fuertes emociones la creación artística les permite comunicar sus sentimientos, contar y plasmar sus emociones, con libertad para crear, y aprender más acerca de ellos mismos y de su entorno. (Martínez Díez, 2006: 94).

Prácticamente desde los orígenes de la proyección sanitaria de la arteterapia, encontramos aplicaciones destinadas a tratar el impacto psicológico que supone la hospitalización de los niños, incidiendo especialmente los efectos emocionales que ésto produce. Es por ello un instrumento de gran valor terapéutico, que trabaja desde la resiliencia con la enfermedad y desde las potencialidades del paciente, siendo según Noemí Martinez Díez (2006, pp. 45-67) capaz de:

• Entender el arte como “vehículo para la mejora social, física y personal”.

• Aplicar la creatividad y sus técnicas en “la mejora y desarrollo de los grupos atendidos”.

• Aumentar la autoestima

• Disminuir el desajuste emocional que puede causar la enfermedad.

• Enseñar al paciente a canalizar sus sentimientos a través de la creación, así como a enfrentarlos

• Mejorar la comunicación y la vinculación social.

• Facilitar la relajación a través de las imágenes artísticas

• Facilitar un espacio de creación y expresión.

Podríamos añadir que la practica artística permite expresar sentimientos y emociones que en ocasiones son verdaderamente difíciles de expresar verbalmente, sobre todo a determinadas edades o cuando se está pasando por una situación difícil como es la enfermedad y la hospitalización. Dicha expresión permite a los niños y niñas sublimar miedos, frustraciones y angustias; todo ello en un ambiente de libertad, seguridad y confianza. 

Conclusiones:

• Mediante una sesión de arteterapia es posible generar un mejor manejo y una mayor resolución de conflictos emocionales, haciendo una adecuación a cada situación concreta. Es decir, ajustando el plan previo con rapidez, teniendo en cuenta las características del niño, de la enfermedad, del momento concreto y del material.

• El arteterapeuta puede ayudar a disminuir el desajuste emocional que la enfermedad pueda causarle al niño, mediante la aplicación de la arteterapia, empleando estrategias creativas adaptadas a cada caso y focalizando la sesión en las potencialidades del menor y de sus familiares.

• A través de la creación, en arteterapia es posible proporcionar al niño ingresado, herramientas a través de las cuales pueda canalizar sus sentimientos, fomentando procesos artísticos libres y aportando sostén y amparo al menor, para que sienta que no está solo ante la expresión gráfica de su ansiedad o malestar.

• El arteterapeuta puede facilitar al niño hospitalizado, una mayor compresión de la enfermedad, empleando el juego y el intercambio de roles, creando títeres, dibujos, cuentos, etc.

En definitiva, el arteterapia es una herramienta muy eficaz en el ámbito de la hospitalización pediátrica, ya que puede proporcionar en tiempos muy breves: un entorno de seguridad, un espacio potencial lleno de posibilidades y sobre todo un lugar para el juego y la creación, permitiendo a los niños y niñas que están hospitalizados comunicar y exteriorizar las emociones, pensamientos y sentimientos que llevan dentro y que en muchas ocasiones no saben como gestionar o exteriorizar.

Las sesiones de arteterapia, además de ayudar a expresar lo que emocionalmente angustia al menor, mejoran la comunicación personal, el conocimiento de sus propias potencialidades y son un potente distractor. Acciones como golpear el barro, dejar caer chorros de pintura o dibujar violentos garabateos sobre el papel, pueden representar la oportunidad de dar libre salida a sentimientos.

Es importante que los niños y niñas que permanecen en sus habitaciones hospitalizados sean protagonistas, que se les invite a decir, contar y expresar plásticamente, que puedan crear a partir de lo que piensan o sienten, ya que la creación actúa como acción reparadora y únicamente la creación, en palabras de Melanie Klein (citada en López & Augustowsky, 2007: 221), “expresa presencia”, conformando una nueva realidad. Es por ello que la expresión plástica y/o visual ha de ser parte integrante de cualquier programa en pro de la salud.